Antes del Festival, en Sitges ya se organizaban sesiones de cine amateur, cine forum y cineclubs. Por entonces, la villa de Sitges disponía de tres cine: el Casino Prado, El Retiro y el Rialto. A finales de la década de los 50 y durante los años 60, los cines Retiro y Prado, y muy esporádicamente el Rialto, cedían la sala a organizadores de cine-forums. El evento se celebraba en períodos de meses o cada año (según el organizador) y consistía en proyectar una película ya estrenada, como por ejemplo fue “Ciudadano Kane”, para al finalizar la exhibición comentarla. La ponencia la coordinaba un crítico de cine venido de Barcelona, como fue el caso de Antonio Kirschner.
Los
pioneros en la villa del cine-fórum fueron los miembros de la Asociación de
Antiguos Alumnos y Amigos de la Escuela Pia. La Sociedad Casino Prado también
impulsaba este evento como entidad propia y Sitges Foto Film era otro de los
organizadores de algunos cine-forums de aquel tiempo.
Con
respecto a la axhibición de cine amateur, la empresa Massó, propiedad de los
señores Arturo Lopez, Enric Massó y Felip Lopez, que gestionaban las salas de
cine El Retiro y Prado, autorizaban también la exhibición de películas amateurs
(cortometrajes en su gran mayoría) realizadas en 8mm por ciudadanos del
municipio, los llamados cine-amateur que organizaban individualmente la
Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Escuela Pia, pioneros también de
éste evento, y la entidad local Sitges Foto Film.
En
auge a finales de los años 60, consistían en la proyección de películas de
“arte y ensayo” en los llamados cineclubs, entrando en esta calificación
producciones de diferentes géneros, muchas en versión original con subtítulos,
que no pasaban la censura institucional.
Se
organizaban en el cine Prado y El Retiro a cargo de forma individual de Sitges
Foto Film, de la Sociedad Casino Prado y de la Sociedad Recreativa El Retiro.
Las dos primeras entidades eran socios de la Federación Española de Cineclubs,
ubicada en Madrid.
Según
explica el director del cine Retiro en aquella época, Francesc Borderia, “se
llamaba a la federación para solicitar películas de arte y ensayo que luego
se exhibían en los cines del pueblo. Pero El Retiro no estaba federado y por
tanto conseguía este tipo de películas en los cines de arte y ensayo de
Barcelona, como por ejemplo La noche de los muertos vivientes. Por aquel
entonces el ayuntamiento era más o menos consciente de lo que se exhibía pero
no ponía problemas. Eso sí, se debía pedir un permiso que costaba 1 peseta para
poder presentar un programa y a veces la parroquia del pueblo calificaba la moralidad de toda la película con el indicativo de Apta, Mayores con reparos, Peligrosa o Gravemente peligrosa”.
Por
otro lado, la villa sirvió de plató para varias producciones nacionales e
internacionales. A destacar dos producciones extranjeras que vinculan a la
localidad con el cine y que pudieron ser inspiración como modelo a promocionar
el turismo del municipio.
En
1953 se rodaron unos cuantos exteriores de una película titulada Decameron night (titulada en español Tres historias de amor, aunque en realidad eran cuatro, pero los
censores eliminaron una) protagonizada por Joan Fontaine, una de las musas de
Hitchcock. La actriz, conocida por películas como Rebeca y Sospecha (con esta
segunda ganó un Oscar a la mejor actriz), revolucionó Sitges. La empresa Massó,
López y Llansó, que tenía alquilado el cine Retiro, rindieron homenaje a la
estrella con la proyección, en presencia de la misma, de dos de sus películas
más emblemáticas, Alma Rebelde y Viva la vida.
Los
ciudadanos se volcaron en el evento donde Fontaine recibió una gran ovación y
un ramo de flores. Como sucede en la actualidad en el Festival de Cine de
Sitges, la actriz subió al escenario donde agradeció el homenaje y la
hospitalidad de los sitgetanos.
Dos
años después, otra película americana aterrizaba en Sitges. Lugares como la Punta, el racó de la Calma y el paseo de la
Ribera formaron parte del metraje de la película titulada Rapsodia real, protagonizada por Patricia
Witmore y Errol Flynn. En la producción también participaron cientos de
sitgetanos como extras haciéndose pasar por invitados, cardenales o soldados en
una de las escenas más importantes de la película, el enlace matrimonial de los
dos protagonistas, en la Punta. Y si
aparecer en una película americana no era suficiente, los más afortunados
cobraron entre 5 duros y 10 pesetas por participar.
Sitges
probó los sabores del cine, de la pasión por el séptimo arte y de su manto de glamour, pero a la vez el cine se rindió
a los encantos de una población de hermosos paisajes y de gentes humildes y
agradecidas que tuvieron, tienen y tendrán la suerte de vivir en un lugar en el
mundo que merece la pena filmar.
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